Sin darme apenas cuenta, he vuelto a liderar un equipo. Pero esta vez en el equipo no había únicamente personas. La IA también ocupaba ya, sin que lo notara, un sitio entre nosotros. ¿Por dónde empezar? Fue lo primero que me pregunté al asumir de nuevo el equipo, y su matiz era bastante distinto al de antes.
Trabajando junto a la IA me di cuenta de una cosa: cuanto más claro está el goal, mejores son los resultados. Cuanto más nítidamente transmito lo que quiero, más cambia la calidad de lo que recibo de vuelta. Pero si me detengo a pensarlo, creo que esto no aplica solo a la IA. Con las personas pasa lo mismo. Cuando tenemos claro hacia dónde vamos, el equipo da sus mejores resultados. De hecho, me parece que mucho antes de que apareciera la IA, para mirar y operar un equipo en una misma dirección ya hacía falta, al final, alguna clase de 'referencia'. Por eso decidí intentar crear unos 'principios de equipo' que tuvieran en mente tanto a las personas como a la IA.
Al establecer los principios me puse un criterio: por mucho que la tecnología de la IA siga avanzando y la sociedad cambie en adelante, elegir solo aquello que no vaya a cambiar. Porque un principio levantado sobre lo que cambia envejecería enseguida. Y al ir destilándolo así, los principios del equipo acabaron resumiéndose en dos promesas. Una es la 'confianza', la promesa entre persona y persona; la otra es 'AI Native', la promesa entre persona e IA.
Empecemos por la promesa entre persona y persona: la confianza. Cuando un equipo crece, inevitablemente surgen muchos procesos y reglas. Pero cuando el equipo es pequeño, creo que mantener la confianza mutua era más bien la forma más barata de hacer las cosas. Si entre nosotros hay confianza en lo profesional, aparecen tareas que se pueden delegar sin necesidad de comprobarlo todo una por una, y se reducen mucho esos costes que no se ven. Al contrario, cuando ocurre algún incidente o la confianza mutua empieza a resquebrajarse una sola vez, aunque sea un equipo pequeño, empiezan a brotar reglas y procedimientos uno tras otro. Quizás un proceso no sea más que algo que nace para rellenar el hueco que dejó la confianza al marcharse.
Entonces, ¿qué es lo que crea la confianza? Repasando mis experiencias pasadas y volviendo a hojear varios libros, terminé ordenándolo en tres cosas.
La primera es la previsibilidad. Sentimos confianza hacia las personas cuyas palabras y actos son coherentes. Desde lo pequeño, como esperar que respeten la hora acordada de una reunión, hasta lo grande, como poder hacerse una idea del resultado que devolverá una tarea encomendada. Es justamente porque se puede prever lo que viene que podemos trabajar juntos con tranquilidad.
La segunda es la transparencia. Creo que cuanto más pequeño es el equipo, más viva debe ser la discusión. El debate importa tanto para construir un mejor servicio como para superar los límites a los que uno no llega solo con sus propias ideas. Por eso hay que ser capaz de sacar las ideas propias de forma activa. Al contrario, no hay nada que carcoma tanto la confianza como quien se queda callado mientras todos conversan y, justo cuando llega el momento de ejecutar lo acordado, de pronto dice algo distinto o se mueve en otra dirección. La persona que, al discutir, muestra su pensamiento con transparencia y, una vez se ha acordado algo, lo lleva a la acción con limpieza. Esa clase de persona da confianza.
La tercera es el cumplimiento, el llevar las cosas hasta el final. Hay quien sabe muy bien iniciar cosas pero cada vez deja el cierre a medias, y hay quien, sea cual sea la situación que le toque, termina sacando un resultado. Creo que a este último es a quien acabo confiando. Porque se le ve la actitud de querer responsabilizarse hasta el final del alcance y el nivel que prometió.
Sigue la promesa entre persona e IA: AI Native. Nuestro equipo aspira a ser AI Native. Una vez que hemos decidido trabajar codo con codo con la IA, esa relación también necesitaba una promesa. ¿Qué estaría bien prometer? Y ¿qué podemos esperar el uno del otro? Estuve un buen rato aferrado a esta pregunta y, también aquí, me vinieron a la mente tres cosas.
La primera es compartir contexto. La IA seguirá volviéndose cada vez más inteligente. Llegué a pensar que, para elevar la sinergia entre esa inteligencia y la colaboración, lo esencial es, al final, saber entregar bien el 'contexto'. La IA espera recibir más contexto de las personas, y las personas pueden esperar que, cuanto más contexto transmitan, mejores resultados reciban a cambio. Esta expectativa de ida y vuelta que cada parte deposita en la otra quizás sea la promesa más básica entre persona e IA.
La segunda es la reversibilidad: que se pueda deshacer. Creo que, por defecto, las acciones que realiza la IA deberían tener una forma que se pueda revertir en cualquier momento. En situaciones sin marcha atrás se vuelve difícil encomendarle a la IA tareas más audaces. Porque si por casualidad sale un resultado que no queríamos, deshacerlo obliga a gastar no pocos recursos tanto a las personas como a la IA. Solo cuando existe ese mecanismo de seguridad de poder deshacer, podemos por fin tenderle la mano a la IA de forma más decidida.
La tercera es la gestión de la entropía. Si pienso en qué es lo que mejor hace la IA, al final es 'generar'. Ya sea código, texto o documentos, su velocidad para producir algo es tan abrumadora que las personas no pueden seguirle el ritmo. Pero si las personas no pasamos por el proceso de fijar una referencia o de verificar, en lo que la IA va vertiendo se acumula cada vez más información innecesaria, y por culpa de esas generaciones sin sentido la calidad del conjunto, más bien, empeora. Por eso llegué a la idea de que las personas tenemos el deber de gestionar esta entropía y de cuidar de que la IA produzca resultados de alta calidad.
Así, tras muchas reflexiones acabé estableciendo estos principios, pero sé bien que esto no es más que el comienzo. Al final, solo tendrá sentido cuando comparta estos principios con los miembros del equipo de forma constante, cuando yo mismo me esfuerce por cumplirlos y cuando todos en el equipo nos empeñemos juntos en sostenerlos. Seguramente irán saliendo a la luz carencias y los propios principios se irán puliendo poco a poco, pero al final lo que deseo es ir cumpliendo estas promesas paso a paso, tanto con las personas como con la IA. Así, despacio, pero sin detenerme, me hago la promesa de ir construyendo un buen equipo.